El misterio del fogón de hierro dulce.

 ( Uno.)

Hoy en mi casa tengo un misterio.

Resulta que a las cinco de la mañana escucho ruidos y me levanto y veo al gatito que últimamente me visita. El dueño, de regreso por el barrio, lo peló y creo que pasa mucho frío por la noche. Había entrado por la puerta a la terraza que estaba algo entornada. 

Bueno. Lo dejé -creo que se entretiene intentando cazar a un perenquen que de noche se agarra al techo de mi casa- y volvi a la cama cerrando la puerta del cuarto donde duermo para que no se metiera. Dejé la puerta de la terraza con los mismos 10 cm abierta por si el gatito deseaba irse.

Cuando me levanté, tarde por el sueño roto, a eso de las 8, vi que el gatito dormía sobre mi sillón. 

Fui al baño, me duché, y, como todos los días, quise tomarme el café. Antes, puse pienso y agua en su plato, fuera, en la terraza y, cuál es mi sorpresa, cuando al poner la cafetera resulta que el fogón de hierro macizo de la cocina no estaba. Pensé que lo había quitado para limpiarlo, pero no estaba en el fregadero ni en ningún cajón. Lo he buscado por toda la casa y desapareció. He mirado si falta algo más, pero no. Todo está correcto. Las carteras con el poco dinero que tengo y el resto de las cosas no se han movido. No se ha tocado nada. Solo, que no aparece el quemador. 

Cambié el del otro fuego para colar el café.

Ahora reflexiono sí es que, o soy un sonámbulo; sí alguien entró en mi casa cuando oí los ruidos, cogió el fogón, grande, de hierro dulce y macizo por si acaso o ha sido una trastada a sabiendas que, para mí, el café es lo primero de cada mañana. En ese caso, no sabría si es una advertencia o una broma. Ayer, cuando salí a dar una vuelta, dejé la puerta de acceso a la terraza abierta, pues el gato se había metido y no se quería ir. Creo que por la tarde manipulé en la cocina y no observé nada extraño, pero ya he perdido la seguridad de mis apreciaciones. Después de la vuelta de dos horas con bici no salí, ni nadie entró en mi casa en todo el día. 

Ayer y hoy han sido días de fiestas por lo que Luis, mi amigo de mantenimiento, no ha venido a la urbanización a trabajar. Es observador y le preguntaré si el miércoles se fijó si hice algo con el soporte. Me preocupa más que sea un lapsus mío, un extraño caso de amnesia total a que haya sido una broma o una advertencia. En definitiva, se me han ido las ganas de dar mi vuelta diaria en bici a pesar de que el día está precioso.Normalmente cierro al salir. Pero si alguien entró fué para generar el nerviosismo que tengo. No sé si pensar que es un despiste mío  o una especie de broma de mal gusto. Pero, que yo sepa, por aquí no tengo a nadie al que le importe un pepino. Anoche escuché a los vecinos de al lado, italianos escandalosos pero con los que me llevo bien; cuando vienen de trabajar hablan, y hacen el amor, también de forma ruidosa y luego se durmen. En la otra casa, no hay nadie ahora. Por lo que, se puede pasar a mi terraza pasando por la suya. Pero es sumamente raro. Por la puerta principal nadie entra pues está siempre bien cerrada. 

La verdad, no sé qué pensar. Está claro que el fogón pesa más de un kg y el gatito no puede haberlo escondido. Es obra humana. 

Mejor, cojo la bici y me voy a Villaverde o por ahí a ver si el aire me despeja.


(Dos.)

Hice 27 km con la bici pesada, 30 kg. Tiene motor pero no se lo pongo. Descubro que estoy recuperando las energías después de la neumonía del año pasado. Me alegra.

De vuelta, repetí la búsqueda sin éxito y me metí en la página web de Fagor y de los chinos a ver si conseguía un nuevo soporte-parrilla de hierro fundido. 

Calenté lo que me quedaba del potaje de ayer y le sumé algo de arroz que, con una naranja, fue mi almuerzo. El gato, que hasta hace una semana era un ejemplar precioso, con su larga melena leonina de color oro, ahora, trasquilado, aparentemente rasurado, pero aún con su rabo peludo, más que gato, encima de mi sillón, parece una ardilla desconsolada y paupérrima; me mira. 


¡Eureka! 

Nada. Al parecer, ayer estuve limpiando la cocina, para lo que retiré los soportes para acceder al vidrio de la vitrocerámica. Metí el soporte en el fregadero con agua y jabón y lo tuve que sacar para que se secara. Lo apoyé en unas estanterías donde pongo los plátanos, las cebollas y los ajos. Y, aunque ahí había mirado varias veces, no lo había visto. He estado revolviendo toda la casa. Saqué la basura y traspasé, a mano, uno a uno, los desechos a otra bolsa. Miré dentro de los armarios, debajo de las camas y hasta en el congelador. Hasta dentro del tambor de la lavadora.

Resignado, sabiendo que me tenía que quitar el guineo de la cabeza, incluso, ya había visto un juego de dos parrillas, diferentes, pero válidas para comprarlas en Temu. 

Pero algo en mi me decía que no podía ser una abducción alienígena y seguí. Y, al final, tras repetir tres o más veces la misma rutina encontré el soporte de hierro fundido resplandeciente de lo limpio que estaba. 

Me alegro porque estaba convencido que, o había empezado una fase  de demencia senil, o, que el vecino dueño del gato que a veces duerme en mi casa se había metido y me estaba diciendo, al estilo de Sicilia, <<aquí estuve y no te enterastes, ¡ándate con cuidado con mi gato!>>


Tendré que ir al médico a ver si este despiste es normal o será que, con setenta, le tengo que dar la bienvenida a Herr Doktor Alzheimer. 

En Huriamen, viernes santo y misterioso de 2026.

Julio Muñiz Padilla. 


Comentarios

Entradas populares de este blog

Del mar al huerto.

Agua, aguatenientes y plusvalía.

Emisarios al mar. Tipos e impactos.